NOCHES DE LOBIZONES,

Imagen meramente ilustrativa-Crédito ambito.com-

NOCHES DE LOBIZONES.

Las creencias populares siempre transitaron por una zona de sospecha en cuanto a la realidad y la fantasía, pese a todo, nunca fueron desmentidas totalmente.

El hombre lobo”, “el lobizón” el “Luis Gómez” ha estado siempre presente en esos relatos trasmitidos de generación en generación en cuanto paraje rural o urbano tuviese un vestigio de su real existencia.

La noche de viernes o de luna llena eran sus compañeras inseparables acompañadas por la fantasía y credibilidad de la gente.

Aquella remanida frase: “Yo no creo en el lobizón”, era superada por los creyentes que esgrimían anécdotas fantásticas de las apariciones del “hombre lobo”; documentada con recuerdos de testigos que decían haber escuchado que tal o cual “séptimo hijo varón”, se convertía en lobizón.

Orlando, Oscar, Osvaldo y Omar, eran parientes entre sí. No eran los Orozco, porque eran cuatro y los otros eran “ocho los monos”, según dichos de León Gieco. A instancia de Orlando el mayor, se dispusieron a desafiar la presencia del hombre lobo.

Convivían en la misma casa del pueblo con patio grande. Orlando tenía veinte años, era tío de los demás, Oscar y Osvaldo eran hermanos y Omar primo, no superaban el promedio de diez años de edad.

Un viernes de verano era el día apropiado para la aventura.
– “¿No tendrán miedo gurisada?” -Lanzó Orlando.

El silencio fue la respuesta de los tres;
¿cómo van a tener miedo?

– “¡Somos todos hombres! “-

– “¡Si alguien no se anima, que no venga! “-
– “¡Vamos a cuidarnos entre todos! “-

– “¡Esta noche dormimos todos en el patio! “-

Con bastante julepe, Oscar, Osvaldo y Omar aceptaron la propuesta con la venia de los padres y la recomendación de ingresar a la vivienda en caso que el miedo gane la partida.
Dos catres, cuatro almohadas, tres sábanas, una manta, eran la compañía necesaria para el comienzo de la odisea.

Se apagaron las luces de la casa, la noche se volvió inmensa y el silencio solamente era trastocado por el ladrido de un perro en alguna casa cercana.

El temor se adueñó de los más chicos que no podían conciliar el sueño, preferían estar despiertos ante cualquier imprevisto en la noche oscura.

Había transcurrido una hora de iniciada la aventura cuando Orlando le dice a los demás que había mosquitos y se dirigiría a un almacén que estuviese abierto para adquirir “espiral” con el fin de ahuyentarlos. Su partida generó más inquietud en los demás.

Como si fuese poco, Omar comenzó a divagar sobre las actividades de los “lobizones”.
– “¡En una noche tienen que recorrer siete pueblos!” –

– “¡Si aparece por aquí, tenemos una linterna, el bicho le teme a la luz! “–

Pasaba el tiempo y Orlando no regresaba, se escuchaba un aullido lastimero de otro perro a la distancia; el temor silencioso les impedía conciliar el sueño de ese viernes de verano.

Oscar se levantó y comenzó a caminar mientras los otros miraban al cielo buscando refugio.

– “¡Será como las dos de la mañana y Orlando no vuelve! “–; esgrimió Osvaldo con ganas de ingresar a la casa.

Las ramas de los naranjos se movían al compás del viento y la atenta mirada de los chicos que disimulaban ser grandes. Esperaban el regreso del tío y la llegada del amanecer.

Los tres amanecieron despiertos.

Al alba regresó Orlando sin los espirales y con la camisa sucia. Se puso a lavar la prenda y les encomendó a sus sobrinos que no le contaran nada a su madre sobre su ausencia.
Les dijo que no pudo regresar porque se involucró en una pelea con unos conscriptos.
Ofendidos los tres recogieron la ropa de cama e ingresaron a la finca cuando el sol estaba asomando.

Con el tiempo descubrieron que su tío los utilizó para encontrarse en la noche con una novia a quién su madre no aceptaba. Su coartada funcionó porque la progenitora no supo “de la fuga” y los primos no quisieron cumplir el rol de “soplones”.

“Lobizones… siempre hubo”.

Ramón Claudio Chávez.
www.ideasdelnorte.com.ar

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5 respuestas

  1. Jajaja! Que buen argumento! 🤣 El amor y el ingenio del hombre! Por instante pensé que el era el lobizon y por eso volvió sucio.
    Muy buen cuento Claudio!

  2. Yo también pensé lo mismo que Damián jajaja.
    Muy lindo relato. Me trajo recuerdos de cuando ví al lobizón un viernes Santo en idénticas circunstancias.

  3. Si, el desenlace parece apuntar a Orlando como lobizon!! Ahora es curioso como este mito no es solo regional, existe también en otras culturas

  4. Ya pasó el peligro, pero , siendo el séptimo varón, era mas fácil bancarse la metamorfosis que tener de padrino al presidente. Conocí a un lobizon que Temía ser hombre, porque ningún licantropo era más hdp.

  5. Desde siempre esta leyenda esta vigente en diferentes regiones del Pais.Igual en Brasil en RS, alli es mas cuasi religioso, pero aplica al 7mo hijo siempre, ….digo yo¡¡¡ pobre tipo cargar con esta cruz!!!.Claro tambien cuentan las “deformaciones y desviaciones pueblerinas””, total siempre a alguien hay que hecharles las culpas.

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