Cerca de Cáa Catí
Ramón Claudio Chávez • 25 de octubre de 2026 • ⏱️ Lectura: 2 min
CERCA DE CÁA CATÍ.
Vicente Romero vivía con su familia en una modesta casa cerca de Cáa Catí. Era peón en una estancia que decían era de “los Romero” o de los “Diaz Colodrero”. Para cumplir con su trabajo salía temprano en su alazán. El capataz le tenía apreció porque era guapo en las tareas y buena gente. Atendía a los animales, cuidaba los alambrados y trabajaba la tierra. Con la peonada tenía trato, pero siempre con respeto y distancia.
Luego del duro trabajo del campo pegaba la vuelta “pal rancho” para estar con su familia, Felisa y sus tres (3) hijos. Al llegar desensillaba su caballo y caminaba despacio hacia donde estaba su mujer.
Cargó agua del pozo en un latón, se dio un baño ligero y se cambió la ropa sucia usada en el trabajo.
Felisa lo esperaba con mate caliente cebado desde la pava negra de “hollín” y tortilla asada recién hecha. Estaba cansado, pero todavía tenía ganas de conversar y reírse un rato.
- “¡Vení viejo, sentate un rato. ¡Te ganaste el descanso!”. Le dijo la mujer.
El hombre se dejó caer sobre un banquito de madera. Estiró las piernas, quedó pensando un rato y miró a sus hijos.
- “¡Qué lindo sería que todos los días terminaran así!”. Comentó mientras sus manos ásperas recibían el primer mate.
Uno de los hijos contó una anécdota del trabajo que hizo reír a su hermana. Felisa atizaba el fuego y cebaba un mate tras otro. Escuchaba con una sonrisa. De vez en cuando cortaba un trozo de tortilla asada y la pasaba de mano en mano.
El sol terminó de ocultarse y empezó a refrescar. El hombre acomodó el sombrero sobre las rodillas y miró a su familia reunida alrededor de aquella mesa sencilla.
Se sintió reconfortado, miro a su mujer y le dijo bajito:
- “¡Pobre será nuestra casa, pero mientras estemos juntos, nunca faltará lo más importante!”.
En la radio se escuchaba: - “¡De Cáa Cati a Mburucuyá
Más de quince leguas hay que atravesar
Voy al trotecito cruzando el palmar
¡Silbando bajito… pronto he de llegar…!”.
A veces la felicidad no necesita demasiado…, un día de trabajo honrado…, una pava negra sobre las brasas…, una tortilla asada…y seres queridos sentados alrededor de la misma mesa…
Ramón Claudio Chávez. www.ideasdelnorte.com.ar
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