La Raela en Playa Pipa
Ramón Claudio Chávez • 20 de septiembre de 2026 • ⏱️ Lectura: 4 min
LA RAELA EN PLAYA PIPA.
Tanto a” Raela” como a mí nos atrapaba el mar del Brasil, no solamente la belleza de las playas, también el placer de los brasileños disfrutando del Océano.
Nos hablaron de la Capital del Estado de Paraíba, Joao Pessoa, un paraíso terrenal de “turismo brasileño”. Está ubicado en el extremo oriental del continente a 3000 kilómetros en línea recta de Senegal en África.
Era prácticamente imposible hacer el viaje en auto o en ómnibus por la distancia, con antelación conseguimos pasajes económicos en una de las aerolíneas brasileñas.
Nos encantó Joao Pessoa, las playas, la amabilidad de los “nordestinos”. “La Raela” aprovechó el sol del verano para ponerse más linda. Por las noches, “caipiriñha”, pescado de mar y “amor del bueno”.
Una noche “La Raela” me dice:
- “¡Negro, me gustaría ir a una playa agreste, con poca gente, para nosotros solos!”.
Sabiendo lo que eso significaba averiguamos si cerca de allí existía ese lugar.
- “¡Si buscan eso, tienen que ir a “Playa Pipa”; diariamente sale un colectivo que regresa a la noche”. Nos dijo el conserje del Hotel dos (2) estrellas donde nos alojábamos.
Entusiasmada mi amor tomó la palabra y agregó: - “¡Nos vamos mañana temprano, si nos gusta nos quedamos tres (3) noches, caso contrario volvemos en el día ¡”.
Tuvimos una falsa impresión al llegar a “Pipa”. Era amplia la playa y el agua del mar no lo cubría.
- “¡Esperen a la tarde cuando suba la marea, verán que lindo es!”. Nos comentó el chofer del “micro”.
Con la idea de quedarnos buscamos una “Pousada” para nuestras tres (3) noches.
“Bruniña”, una mujer simpática de unos cuarenta y cinco (45) años nos recibió y nos dijo: - “¡No hay mucho lujo, pero sí mucho calor humano!”.
A la tarde cuando vino la marea alta apreciamos ese color “azul turquesa” del agua que nos cautivó intensamente.
Me abrazó con fuerza y con complicidad me dice al oído:
-“¡ A la pieza de la “Pousada” solo vamos a ir a dormir, quiero que sean tres (3) noches de amor en la playa!”.
La primera noche llegamos descalzos caminando sobre la arena tibia, la luna llena se reflejaba en el agua y en nuestros rostros. Nos acercamos sin palabras conscientes de la electricidad que crecía en nuestros cuerpos. El mar era testigo mudo de nuestros primeros roces. “La Raela” desnuda era una incitación al deseo…, abrazados nos encontramos en la calma de la noche…, fundiéndonos en un baile tan intenso como el ritmo de las olas.
En la segunda noche, caminamos hacia un rincón solitario, allí donde los árboles de la playa abrazaban al cielo estrellado. Nos entregamos al placer con la pasión de los que saben que el tiempo se detiene…, la arena absorbió nuestros gemidos y la sal dejó una huella de besos en nuestros cuerpos entrelazados.
Fue esa noche que el agua de la marea se llevó consigo la parte de arriba de la malla de “Raela”. Tuve que prestarle mi camisa para poder volver.
“Pipa” era un pueblo de pescadores, con caminos de tierra y sin energía eléctrica. Fueron los “surfistas” de Natal y Pernambuco quienes la descubrieron. A partir de allí se convirtió en destino turístico, pero los pescadores seguían estando.
La última noche fue pura pasión y fuego…, la playa era nuestra propiedad, aunque había luces en los hogares cercanos al mar a nosotros poco nos importaba, entre besos intensos que nos recorrían, quedamos más tiempo que las noches anteriores. Rebozados en arena y una sonrisa brillante de mi amor iluminaba la noche. Mientras regresábamos a la “Pousada”…,seguía conservando su erotismo intacto…
Ramón Claudio Chávez.
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