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Relatos de Vida y Sociedad

LAS BAHIANAS DE WILFRIDO.

Ramón Claudio Chávez 26 de julio de 2026 ⏱️ Lectura: 3 min

Portada de LAS BAHIANAS DE WILFRIDO.

LAS BAHIANAS DE WILFRIDO.

Wilfrido Tántera era de Gessler, provincia de Santa Fe. En 1974 abordó un tren y al mejor estilo de un “mochilero”, apareció en Apóstoles de casualidad.

Quiso quedar a vivir en el barrio San Martín, al fondo le pareció un buen lugar. Cerca de la cancha de fútbol; el “Maracaná”, así bautizado por los vagos porque era el “más grande del mundo”.

Tántera había estudiado en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón de Buenos Aires, construyó personalmente su vivienda y desarrolló sus dotes de pintor desde su hogar.

Era un hombre más del barrio, se sentía cómodo con su gente, para difundir su obra artística apelaba a su espíritu aventurero de los viajes.

De a poco la gente del San Martín y de Apóstoles comenzó a dimensionar al artista a través de su obra que comenzó a trascender. Los dibujos llenos de colorido, reflejaban una imagen de un vecino, un carro polaco cargado con “ponchadas de yerba mate”, etc.

La casa de Tántera en el barrio San Martín se fue llenando de cultura, él mismo se encargaba de visitar establecimientos y escuelas para exhibir sus obras e interesar a maestros y alumnos.

Su arte era una invitación a relacionarse con otros pintores locales y de otros lugares, que sin comunicar aparecían por el pueblo, lo visitaban y también salían de gira.

“Jessé”, un pernambucano, se hizo amigo de Wilfrido. Esporádicamente se alojaba en su casa y compartió con él viajes al exterior. Como buen brasileño, “Jessé” amaba el fútbol y el “jogo bonito”. Los sábados por la tarde para jugar se entremezclaba con la gente del lugar en el “Maracaná”. Jugaba con Rulo, Lalo, Ciencia, Polotranca, Encendedor, Brayloski, Nito, Máximo y otros. La cancha del barrio fue reflejada por Tántera en una de sus obras.

Wilfrido el artista del barrio San Martín, se movilizaba en una bicicleta colorada, con ella se dirigía al centro a realizar compras, pasear y a charlar a la Municipalidad con el intendente Edgardo Vera. A la vuelta por la calle Belgrano circulaba por el medio de la calzada sin importarle que los automovilistas tuviesen que disminuir la velocidad. Disfrutaba de ello.

Anduvo recorriendo Brasil, Perú, Paraguay, Uruguay, Ecuador en colectivos de línea. Pintaba en las plazas y vendía las obras para costear los viajes. Muchos de esos escenarios le sirvieron de inspiración para su arte.

De algunos de esos viajes, Wilfrido trajo consigo a las “bahianas”; las retrató y les dio vuelo para que la gente las recuerde como mejor le parezca.

Muchas veces se fue amparado en su misma bohemia para regresar al pueblo adoptado con placer. Atrás quedó su pueblo natal y su empleo de Banco.

El pintor “semi calvo” se enfermó, murió en Gessler pero regresó a Apóstoles para quedarse como quería para siempre. La escultura de “San Expedito” que él mismo realizó lo acompaña en el “camposanto”.

Su casa la donó al pueblo y la Municipalidad, cual su deseo, lo instituyó como museo. “El Solar de Tántera”. Un aporte para la cultura.

- “¿Dónde quedaron “las bahianas de Wilfrido?”-

La gente dice que en ocasiones aparecen caminando por el Parque Centenario, por La Cruz de los Milagros…, o bailando en unas noches de carnaval interminable.

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