MARILINA Y ARACELI.

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MARILINA Y ARACELI.
Marilina y Araceli venden limones en la estación de servicios de “la ciudad de las ruinas”.
Marilina y Araceli deben tener diez (10) años de edad aproximadamente.
Ambas pertenecen a “una comunidad Mbya” de las cercanías del lugar.
Con seriedad ofrecen el producto a los transeúntes. Cuando están solas sonríen con picardía. Unas sonrisas francas e iluminadas como las noches de luna llena.
Ya no vemos en los pueblos a las mujeres aborígenes ofreciendo canastos de mimbre o de fibras de monte para guardar ropa. Quedan algunos en Museos Regionales en exposición.
Las comunidades aborígenes han tratado de mantener sus costumbres ancestrales; la medicina tradicional, conexión con la naturaleza, la defensa de su territorio y su propia organización.
Marilina y Araceli, como otros de su edad, concurren a la escuela primaria para alfabetizarse, terminan el ciclo y no continúan la enseñanza secundaria.
En la aldea, las mujeres encienden el fuego, muelen maíz, cuidan a los niños.Cada tarea tiene su tiempo. Los hombres hacen la huerta, cazan y pescan; aunque estas actividades han disminuido. No hay casi peces en el río y las aves son muy pequeñas como para preparar las comidas.
Estas carencias comenzaron a generar hambre y pobreza, pese a ello cada persona tenía su lugar en la vida común de la comunidad, todos eran parte de una pieza de esa misma historia.
“El Cacique” no habla mucho, cuando lo hace es escuchado. Son consejos que da desde el respeto. Debe mediar en la solución de conflictos para resolverlos.
La crisis económica y alimentaria los obligó a venir a las ciudades. Los vemos en las plazas o en la Terminal de Ómnibus, ofrecen sus artesanías y piden ayuda. Una manera de reclamar por lo que ya no tienen.
Los ancianos de la tribu saben que “la selva habla”. Así aprendieron cuando vienen las lluvias, a tomar de la naturaleza solo lo necesario.
Por las tardes los jóvenes se reúnen, algunos juegan, otros con instrumentos tradicionales practican música. La tecnología les acercó los celulares donde escuchan canciones modernas. Entre risas mezclan el guaraní con el castellano.
Se ha perdido mucho de las costumbres tradicionales de las aldeas, la relación con “el hombre blanco” ha tendido un puente entre “lo ancestral y lo nuevo” y en cierto modo los ha transformado.
En los niños la escuela los hace interactuar con chicos que no pertenecen a su comunidad, aprecian otros estilos de vida, con los cuales deberán en cierto modo convivir.
Marilina y Araceli en dos o tres años más no estarán vendiendo limones en la “estación de servicios” …, como suele ocurrir en sus aldeas; “ya serán madres” muy jóvenes. La maternidad prematura es socialmente aceptada en las comunidades aborígenes.
Habrá otras Marilina y Araceli de diez (10) años, que tengan su mismo origen; que ofrezcan con seriedad a la venta limones en “la estación de servicios de la ciudad de las ruinas” …y que como ellas…, exhiban una sonrisa franca e iluminada como una noche de luna llena…
Ramón Claudio Chávez.
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