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UN AMOR QUE TRAJO LA LLUVIA.

Ramón Claudio Chávez 9 de agosto de 2026 ⏱️ Lectura: 3 min

Portada de UN AMOR QUE TRAJO LA LLUVIA.

UN AMOR QUE TRAJO LA LLUVIA.

Ángela tiene treinta y siete (37) años, vive en Apóstoles, hace dos (2) meses concluyó una relación conflictiva. Está con el corazón roto.

El fin de semana pasado se realizó el Encuentro Anual de Motoqueros. Con una amiga, para despejar un poco la mente concurrió al lugar donde se desarrollaba el evento.

La inestabilidad del clima estaba con deseos de “arruinar la fiesta”; eso poco les importaba a los visitantes del lugar, la zona y de otros países.

Los amantes de las motos tienen sus propios códigos de viaje, de camaradería, que se evidenciaban en el ruido de los motores y las charlas informales.

Matías, un chileno de Rancagua, de cuarenta y siete (47) años, radicado en el sur de Chile, hizo con cuatro (4) amigos una larga travesía en moto para estar en Apóstoles.

Ángela caminando por la “Expo Yerba” se cruzó con Matías, se miraron fijamente y él posó sus ojos en ella mientras se alejaba.

Se quedó pensando en esa joven esbelta… de andar elegante…, quiso verla de nuevo. El destino hizo que regresara.

En diez (10) minutos… hablaron de todo y de nada, el visitante la invitó a dar una vuelta en moto por la ciudad. Ángela aceptó y se despidió de su amiga que la acompañó.

Salieron del predio por la avenida hacia la derecha; la llovizna de a ratos era intensa. Angela sentía el viento en su rostro con aire de libertad.

Apoyó su cabeza en la espalda de Matías mientras sonreían con afecto cómplice.

Finalmente se detuvieron en la Ruta 1 y Avenida 9 de Julio, sentían la necesidad de conversar. Lo hicieron de una manera franca, sincera, como si se conocieran desde siempre.

El tiempo pareció detenerse. No les importaba la lluvia, el frío ni el bullicio del evento. Solo existían ellos dos, compartiendo esa noche que parecía escrita especialmente para encontrarlos.

Un paraguas era testigo de las caricias, los besos y abrazos que se prodigaron. Matías pensaba que después de tantos kilómetros recorridos, por fin había llegado a su destino. Ángela, por su parte, descubría que el corazón puede volver a latir con fuerza justo cuando uno cree que ya no está preparado para amar.

En la despedida la distancia parecía interponerse entre ese amor. Matías la tomó de la mano y le dijo que la esperaría en octubre en el cruce internacional de Argentina y Chile.

- “¡Iremos al sur, rumbo a Puerto Montt, para seguir amándonos y no separarnos como en la letra de la canción!”.

Ángela lo miró emocionada, ambos supieron que ese encuentro no fue una despedida…, sino el inicio de una historia fulminante …, de “Un amor que trajo la lluvia…”

Ramón Claudio Chávez. www.ideasdelnorte.com.ar

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