De 19 a 21. Antes No...después Tampoco
Ramón Claudio Chávez • 1 de noviembre de 2026 • ⏱️ Lectura: 3 min
DE 19 A 21.
ANTES NO…, DESPUÉS TAMPOCO.
Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?... dice la letra de una “Balada para un loco”.
Recorriendo ahora la ciudad nos encontramos con las inscripciones: - “De 19 a 21…, Antes no…, Después tampoco”.
No es la letra de una canción, es la frase que colocó el Gobierno de la Ciudad en los grises contenedores de basura, para exigirle a los vecinos que saquen las bolsas de residuos en ese horario.
El argumento esgrimido es para mantener la ciudad más limpia.
Casi todos los días en ese mismo horario, Ana María Stensoro, ingresa al café de la calle Talcahuano en las cercanías de la Avenida Santa Fe.
Ella tiene más de 60 años, el cabello plateado con rulos y una mirada llena de historias para contar.
Elige una mesa frente a la ventana sobre la calle, pide un café irlandés con whiski “Johnnie Walker” y extrae de su cartera una libreta de apuntes.
No necesita nada más para viajar, desde ese lugar del mundo se conmueve con la sonrisa de un niño, las manos callosas de la vendedora de flores, el murmullo de los amantes que se encuentran furtivamente, el color del semáforo y la música clásica que tanto ama. Con eso y su imaginación los cuentos y poemas salen a la luz.
Se había jubilado hace un tiempo, se separó de su marido luego de 30 años de matrimonio…; no quería perder contacto con la gente para sentirse más joven.
El mozo que le acercó el café le dejó una frase:
- “Hace más de 35 años que trabajo y veo que Buenos Aires ha dejado de ser la ciudad más europea de Latinoamérica”.
- “Antes la belleza de la mujer porteña se apreciaba a cualquier hora del día, los vestidos realzaban su estilo…, hoy todas de “jeans” o “buzo de gimnasia”.
Ana María levantó la vista, hizo una pausa y le respondió:
“Ha cambiado el mundo, en Buenos Aires y también en Europa…, las mujeres trabajan a la par de los hombres…, por eso se visten de otra forma”.
El mozo se marchó para atender a otro cliente, ella siguió escribiendo sin dejar de observar la calle y ese vértigo constante de quién apura el paso para abordar el ómnibus o dirigirse a la entrada de la estación del subte.
Ella no escribía para el mundo…, escribía para ella…, en las noches volvía leyendo historias. En ocasiones le pedía a su hija, Ana Paz, que guarde las mismas en la computadora, aunque confiaba plenamente en sus libretas de apuntes que guardaba con celo.
Al terminar la segunda taza de café irlandés cerraba el cuaderno con una sonrisa suave. Llevaba el regalo invisible de haber capturado…, de nuevo…, la vida que la inspiraba.
A las 21 se fue caminando por la vereda del café…, se detuvo un instante…, para leer la inscripción del contenedor gris: - “De 19 a 21… Antes no… Después tampoco” …
Ramón Claudio Chávez. www.ideasdelnorte.com.ar
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