📖 Novedad: UN AMOR QUE TRAJO LA LLUVIA.

Relatos de Vida y Sociedad

LA RAELA EN ARRAIAL DO CABO.

Ramón Claudio Chávez 28 de junio de 2026 ⏱️ Lectura: 4 min

Portada de LA RAELA EN ARRAIAL DO CABO.

LA RAELA EN ARRAIAL DO CABO.

En unas vacaciones en Brasil, nos enteramos con “la Raela” de la existencia de un lugar llamado “Arraial do Cabo”. Un pequeño paraíso costero conocido por sus aguas cristalinas y playas tranquilas. Algunos lo llamaban el “Caribe brasileño”.

Quisimos conocer ese lugar y tomamos un ómnibus en la compleja “Rodoviaria” de Río de Janeiro. El pasaje estaba compuesto por personas que descendían del transporte antes de llegar a “Arraial” y otras que iban a la playa. “La Raela”, bella como siempre, estaba lo suficientemente bronceada por el sol y la combinación del agua de mar. Yo Advertía miradas de hombres y mujeres que nos acompañaban en el viaje.

Nos alojamos en una “Pousada” multicolor, con turistas de distintos lugares. El calor era sofocante; guardamos nuestras pertenencias y fuimos a conocer ese “Caribe brasileño”. Mi novia dispuso un buen rato de los rayos del sol para ingresar al mar y encandilarnos al salir con ese cuerpo bronceado lleno de gotas de agua.

Al atardecer regresamos a la “Pousada”; luego fuimos a un bar, cenamos pescado y unas buenas “caipirinhas”. Un cóctel explosivo para el deseo.

Al volver caminamos abrazados hacia nuestro hospedaje. Me quedé unos instantes en el patio a escuchar un poco de música, ella fue a la habitación.

No me sorprendió encontrarla desnuda, comenzamos con caricias y besos en medio de la noche de ese pueblo con mar. No recuerdo quién comenzó, ni quién terminó. Nos despertó el sol del nuevo día.

“Arraial do Cabo” era por entonces un típico pueblo del Brasil con un turismo incipiente. Gente humilde y casas de madera decoraban el lugar. Quisimos conocer esa realidad. Abordamos un “colectivo urbano” repleto. “La Raela” llevaba un vestido cortísimo que apenas tapaba su ropa interior. Yo me quedé parado y ella se sentó al lado de una señora con un bolso. Miradas lujuriosas de los lugareños dirigidas no al rostro…, sino a las piernas de mi hermosa compañía.

Le pregunté si apreció el estilo urbanístico del poblado y me respondió:

- “¡De tanto que me miraban no tuve tiempo de hacerlo!”.

A la tarde mientras caminábamos por la playa, una mujer se acercó a “la Raela” con una sonrisa enigmática y una invitación informal a una fiesta privada en casa de unos residentes del lugar.

- “¡Voy, pero con mi novio!”. Le respondió.

La casa donde se celebraba la fiesta había sido modernizada en medio de una antigua villa, estaba iluminada con luces tenues que creaban una atmósfera cálida y misteriosa. Los invitados eran una mezcla diversa de extranjeros y locales; la música suave invitaba a dejarse llevar.

Los dueños de casa rompieron el hielo, bailando con personas distintas de sus parejas. Los vasos de bebida comenzaron a circular de mano en mano con miradas y sonrisas cómplices. Un muchacho moreno le tomó de la mano a “la Raela” y la llevó al centro de la pista a danzar. Lo mismo ocurrió conmigo con una rubia europea de los países nórdicos.

No faltaron gestos de interés y juegos de seducción, algún cigarrillo no convencional encendido, en medio del bullicio de la fiesta.

La fiesta privada abandonó las inhibiciones y algunas chicas comenzaron a arrojarse a la piscina en “toples” y hombres semidesnudos hacían lo mismo.

Eran las tres de la mañana y “la Raela” y yo sentimos algo de celos que invitaba a retirarnos. Nos fuimos, el lugar de “la fiesta privada” estaba unos cuatrocientos metros de nuestra “Pousada”. El camino no estaba tan iluminado, pero se llenó de pasión.

Nos amamos intensamente, el alcohol y la fiesta elevó la temperatura y el deseo.

Ella me preguntó: ¿ Te me gustó la rubia…?

Le contesté:

- “¡Sí…, pero vos sos irreemplazable!”.

Podría preguntarle lo mismo sobre el moreno…, pero ella me llenó de besos intensos en la noche que se hizo muy larga…

Ramón Claudio Chávez. www.ideasdelnorte.com.ar

¡Copiado!

Historias vinculadas