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GALLARDO NO SE VA.

La noticia más importante de la semana fue la renuncia del entrenador de fútbol Marcelo Gallardo.

En el bar de la esquina, la tele colgada arriba de la heladera largó la noticia como un baldazo de agua fría.

– “¡Se fue Gallardo…!” Dijo el mozo, bajando el volumen como si fuera un velorio.

La tele, los diarios, las radios, los canales de internet querían ser los primeros en brindar la noticia.

Marcelo Fleitas un habitué del lugar fue el primero de desmitificar la historia; conozco a una chica que se llama María José Gallardo, tiene veinte (20) años que volvió a la Universidad de Lomas de Zamora a continuar los estudios de psicología que había abandonado brevemente por un problema de salud.

No era el único caso, Clemente Gallardo regresó a la Universidad a los cuarenta y pico. De día cargaba bolsas de cemento y de noche cargaba apuntes. Él no se fue.

En la tele repetían la palabra “renuncia como si fuera una tragedia griega”. Los opinólogos de siempre esgrimían razones como si el día siguiente sería insoportable.

Juancho Gallardo y Cococho Gallardo, abordaban el tren todos los días, con frio o calor, para venir de la provincia a la capital a trabajar duro en la construcción. Regresaban cansados a sus hogares y nadie los aplaudía. Ellos tampoco se fueron.

Elina Gallardo era de General Pico, se vino a Buenos Aires buscando oportunidades, repartió curriculum, le faltaba todo, no le sobrada nada, pero no se fue y ahora trabaja como ejecutiva en una empresa que vende sanitarios. Sigue soñando que va a progresar.

Dos primos con el mismo apellido que el entrenador ofrecen productos a la venta en la línea “D” del subte, desde Pueyrredón a Florida. La venta no siempre es satisfactoria, pero ellos no se van. Siguen luchando.

Las personas ambiciosas persiguen algo diferente del poder y del dinero. Quieren encender la mirada de los otros. Su deseo de fama parece estar enraizado con el deseo de aceptación social, un anhelo de seguridad existencial. Eso es Marcelo Gallardo.

Estudios recientes concluyeron que el treinta por ciento de los adultos(30%) dicen tener ensoñaciones rutinarias acerca de ser famosos y más del cuarenta por ciento (40%) espera disfrutar una dosis pasajera de fama-“sus quince minutos de fama,(15)como dice la frase de Andy Warhol.

Marcelo Gallardo tendrá otras oportunidades;su nivel de vida no es lo mismo que de los estudiantes, de los obreros de la construcción, ni de Elina de General Pico;que se quedaron a pelearla.

En el mismo bar a la mañana siguiente el frío se hacía sentir, un café con gusto rancio calentaba los labios de los parroquianos, la tele seguía con la noticia de último momento.

La paradoja quedó flotando en el aire…, ¿quién dijo que Gallardo se fue? Uno dejó un banco famoso, otros sostienen bancos en la Universidad, abriendo cuadernos nuevos.

La vereda los esperaba con un viento cruzado…, igual se quedaron.
“¡GALLARDO NO SE VA!”

Ramón Claudio Chávez.
www.ideasdelnorte,com.ar

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