ADIOS AL PAGO.

En el pueblo siempre dijeron que los hijos de Ñato Villalba y Malena habían nacido con la mirada un poco más lejos que el resto. Desde chicos, Julián y Josefina se quedaban en los atardeceres soñando con ciudades que ninguno conocía, jurándose que algún día saldrían a ver que había más allá del camino de tierra.

Cuando terminaron el secundario, los dos se fueron a estudiar a la Universidad de Buenos Aires, primero Julián y dos años después Josefina. Los despidieron con abrazos y ese orgullo silencioso que apenas se disimulaba.

Buenos Aires los recibió con ese ruido perpetuo y la gente apurada. Los Villalba que venían de escuchar grillos y gallinas al amanecer, se encontraron rodeados de colectivos, edificios que tapaban el cielo y gente que caminaba sin mirarlos. La “ciudad de la furia”, con todo ello y su vértigo, los fue adoptando. En medio de apuntes, trabajo de medio tiempo y mates compartidos en un monoambiente, fueron pulseando al desarraigo.

En el pago quedaron ausencias, amores del secundario y la promesa creciente de regresar como profesionales. Pasaron los años…, entre estudio, parciales y mesas examinadoras fueron cursando las carreras.

Josefina le tomó cariño a la capital. La rutina del subte, las tardes coloridas sobre 9 de Julio, la mezcla de gente que parecía provenir de todos los rincones del mundo. Esa ciudad cosmopolita que Buenos Aires exhibía con orgullo le cautivaba cada vez más.

Tanto Ñato como Malena en cada visita, les hacían saber cuánto los extrañaban. Además, los comentarios de los amigos sobre los hijos en la universidad y el deseo que en un futuro cercano estén de vuelta al pago con un título en sus alforjas.

Julián se recibió primero; al año siguiente Josefina. Analizando el futuro, ambos concluyeron que el pueblo de la infancia y las ciudades circundantes no les ofrecían las oportunidades necesarias para poder desarrollarse profesionalmente.

Los amores del secundario eran ya un grato recuerdo; jóvenes que emprendieron otro camino. Josefina decidió quedarse en Buenos Aires con un trabajo que parecía modesto, pero le prometía un futuro.

Julián no se enamoró del todo de Buenos Aires, sentía que la ciudad lo empujaba siempre más fuerte de lo que él podía resistir. Apareció la oportunidad de irse al exterior con un contrato incierto…, un sueldo mucho más alto y la posibilidad de empezar de cero sin que nadie lo conozca.

Antes de irse pasó por el pueblo; la casa le pareció más chica, “el aroma al guiso más entrañable…” y su madre más frágil de lo que recordaba.

– “¿Y por qué tan lejos, hijo?”. -preguntó ella.

– “¡Porque acá ya no alcanza…,” má…” ¡Y quiero ver si puedo más!”.

El pueblo los extrañó al principio. Cada tanto llegaban comunicaciones y fotos. Josefina con sus compañeros en una oficina porteña. Julián bajo un cielo gris lleno de edificios desconocidos.

Ñato y Malena viajaron a ver a su hijo que vivía lejos porque las visitas se hacían más espaciadas, como si la vida misma se encargara de ir estirando la distancia.

Al final la historia de Ñato y Malena se volvió una más de tantas en el pago; jóvenes que se van buscando un futuro que el pueblo no puede darles. Razones económicas, sueños distintos, amores nuevos, oportunidades esquivas.

Y aunque nadie lo admita del todo, en cada despedida queda flotando la misma pregunta:
– “¿Qué habría pasado si acá hubiere un lugar para ellos…?”

Porque algunos adioses…, aunque se pronuncien una sola vez…, duran toda la vida…

Ramón Claudio Chávez.
www.ideasdelnorte.com.ar

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3 thoughts on “ADIOS AL PAGO.

  1. Quién no se siente reflejado en estas historias?. La búsqueda de futuro, el desarraigo, el nido vacío, la nostalgia. Todo ésto pintado en dos líneas magistrales por el autor.-

  2. Uy!uy!uy! Este relato pega fuerte en los recuerdos más entrañables. Cada vez que vuelves al pago, tus padres tienen más canas, son más lentos, mamá llora en silencio, cuando nos vamos.
    Cuando entré en CONICET, llamé por TE, fijo de un vecino, para contarle a mi padre. Recuerdo su alegria, unos años después y en las puertas de la carrera, me llamó él para preguntarme si estaba dentro de los que mandaron a lavar los platos, le dije que si, recuerdo su respuesta, ” Venite para acá, quien dice no encontras algo en la facultad de Posadas”… No le hice caso, pero salí adelante, con una carrera truncada pero años después con una reparación histórica. Gages del oficio. Ellos siempre están presentes, aún desde su ausencia.
    Este relato, corto pero certero, pegó justo allí. Dónde el recuerdo se hace presente, y ese “que habría pasado si te quedabas….”que suena como una promesa incumplida…
    Hermosa tu historia de hoy!

  3. Ah , que problema ese tan grande! Que dilema! Están los hijos obligados a hacer lo que les s padres quieren? Deben quedarse por siempre junto a ellos? Cuánto es suficiente? Que está primero? El futuro de los niños o el apego asu familia.
    Cuántos dilemas

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