IMAGEN ILUSTRATIVA.

 PIRCAS ENCENDIDAS.

En los altos de las Sierras de Córdoba, viven los Ludueña, allí donde el silencio se rompe con el canto del chingolo. La casa, de piedra y techo de paja se asomaba al valle como queriendo abrazarlo. Cada 24 de diciembre se festejaba una Navidad distinta, no con nieve, sino con brasas de asados bajo las estrellas.

Los Ludueña tenían parientes en Córdoba capital. Siempre venían atraídos por la magia del lugar y el calor de la gente. La abuela Elvira, con su delantal blanco y sus manos curtidas por el tiempo y el horno de barro, los saludó a todos con un abrazo gigante que olía a canela.

– “¡Vengan, vengan, que aquí la Navidad no empieza hasta que uno se descalza y siente la tierra!”.

En la cocina el tío Juan preparaba los turrones salteños mientras tarareaba “La López Pereyra” y la tía Luisa armaba el pesebre con figuras de barro hechas por los artesanos de Capilla del Monte. Pero el centro de todo era el árbol, no uno de plástico, sino un ciprés viejo del jardín, adornados con guirnaldas de maíz tostado y velas en frascos de vidrio que brillaban como luciérnagas.

– “¿Y el Nacimiento?” -preguntó Sofía de 7 años que vivía en Alta Córdoba.

– “¡Ahí está! ¡En esta tierra el Niño Jesús no nace en un establo…, nace en el corazón de quién lo comparte!”. -Agregó el abuelo Ernesto- con un gorro de lana y la sonrisa torcida.

Al atardecer, mientras el sol se escondía tras los cerros, se reunieron en el patio. Sobre una tabla gruesa de algarrobo, la abuela sirvió locro recalentado y empanadas de carne humeantes y doradas. El vino tinto corría de mano en mano en vasos de vidrio grueso.

En la sierra suele oscurecer más tarde; de pronto el reloj marcó las doce. Como mandaba la tradición, se encendieron las pircas en pequeñas fogatas hechas con leña seca y hierbas aromáticas, algo de romero, algo de ruda y salvia; iluminaban el patio con un fuego suave alrededor de cada pirca donde los presentes cantaban algo en agradecimiento del año que estaba terminando.

El abuelo agradeció que el río no se secó en este verano; la tía Luisa con orgullo en los ojos destacó que su hija terminó el secundario; los chicos agradecieron por venir allí donde todo es más lento, pero se siente más fuerte.

La abuela sacó una caja de madera tallada, dentro había panes benditos, pequeños bollos redondos con una moneda dentro de tres de ellos; quién los encontrara tendría suerte en el año nuevo. Gritos y mordidas cuidadosas llenaron la noche.

Podría ser las doce, la una o más; el cielo estrellado y viento frío de la montaña acariciaban los rostros y abrazos sinceros. No había fuegos artificiales, no hacía falta, el crujido del fuego y el canto imaginario de una guitarra se abrazaban con el silencio cómplice de la noche.

Esa Argentina precordillerana de Navidad no necesitaba adornos de otro mundo, aún se sentía el olor de la tierra mojada, el calor de las brasas y las pircas ardiendo con chispas dispersas en el aire.

Los tragos compartidos…, la guitarra y la voz de Ricardo, el marido de Luisa, fueron un escenario especial para alegrar la noche…, los más grandes cantando y los chicos haciendo palmas.

Se tomaron de las manos e hicieron rondas en torno a las llamas que iluminaban la noche.

– “¡FELIZ NAVIDAD, decían al unísono…, cantando villancicos de Noche buena!”.

Y así, mientras las pircas seguían ardiendo suavemente, los Ludueña y sus parientes, aunque el mundo girara más rápido cada día…, en la sierra…, el tiempo se detenía…, al menos una noche al año.

Ramón Claudio Chávez.
www.ideasdelnorte. com.ar

Compartir

7 thoughts on “PIRCAS ENCENDIDAS.

  1. Hermosas tradiciones que conservan el encanto de la simpleza. Todo lo que está a mano y cercano parece suficiente para hinchar el corazón y celebrar la llegada del gran Salvador.

  2. Nada mejor que lo sencillo y auténtico, tradiciones que se perdieron nosotros las cambiamos por lo brillante y ruidoso. Nos vendieron espejitos de colores y entramos como ingenuos…
    Gracias por esta historia tan sencilla en esta época tan escasa de sencillez.

  3. Excelente relato casi puedo sentir la tierra y el olor de la hierba quemada así debieran ser todos los festejos de navidad sin costumbres importadas.

  4. Que bonito relato. Historias de la Navidad en un lugar de Córdoba. Bellísima descripción de todo lo que encierra el nacimiento de un hombre, creas o no en El, no puedes negar que la historia de la humanidad gira, hace más de 2000 años, alrededor de su vida.
    Especialmente atrapante este relato. Merece un aplauso. !!!

  5. Es un relato simple, sencillo y muy lleno de vivencias anheladas en estos tortuosos tiempos llenos de Shoping.Siempre supe que el mejor Regalo no el que esta en el paquete del Arbolito. Feliz NAVIDAD para todos los que estamos con IDEAS DEL NORTE. Gran Año Claudio.Abrazos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *