
Estación Apóstoles.-Imagen de Facebook.
“LA PENSIÓN DE LOLY”.
Primero fue “Barrio Estación”, luego “Estación Apóstoles”, ese pequeño conglomerado urbano lindante con el ferrocarril.
Calles de tierra, luces intermitentes, vecinos que se conocían, ese andar pueblerino de siestas eternas y cantos de “chicharra” en el verano, después del chapuzón en el “Chimiray”.
“Loly Gonzalez” era paraguayo, con diente de oro y pasado en el ejército; se instaló en la Estación. “Loly” es un apodo de origen guaraní con acento prosódico en la última sílaba. Su mujer se llamaba María del Carmen y su negocio “Hotel Brisas del Chimiray”. Por todos conocido como “La Pensión de Loly”.
Allí se refugiaban trabajadores golondrinas, pasajeros en tránsito, empleados del ferrocarril que hacían mantenimiento de las vías y amantes de la noche; del alcohol y el baile.
Vinieron también compatriotas de “Loly” que trabajaban como artesanos o en tareas agrícolas de la “Compañía Liebig”, instalada en “Curuzú”. Mientras buscaban trabajo, “La Pensión de Loly” era su casa.
Memoriosos de la estación recuerdan que algunos de esos trabajadores inmigrantes rechazaban en los almacenes los caramelos envueltos en papel rojo. En obvia alusión al Partido Colorado.
En lo de “Loly” también concentraban los jugadores de “Ferro”, el popular club de la estación que jugaba en la Liga Apostoleña. Uno de ellos a quién llamaban “Picurina”, un sábado a la noche, al mejor estilo del Burrito Ortega se escapó de la concentración y regresó al alba. Ese día “Ferro” no ganó.
El acceso de la pensión era utilizado como pista de baile; en carnaval la danza y la alegría cubrían las noches del “Rey Momo” para deleite de los que vivían en el lugar, los vecinos y personas de localidades cercanas.
Harina, aceite, tanino y otras mercaderías llegaban a la Estación Apóstoles en los trenes de carga del Ferrocarril Urquiza. Una intensa actividad comercial que se reflejaba en la zona. El camino desde Apóstoles hacia la Estación fue asfaltado con anterioridad a las del ejido urbano.
De a poco el ferrocarril se fue apagando; el ruido del tren dejó de sentirse y tampoco sonaba la campana de la estación. El “Hotel Brisas del Chimiray” o “La Pensión de Loly” cerró sus puertas. González tuvo que cambiar de rumbo.
La crisis afectó a la Estación Apóstoles. El tiempo pasó y pudo recuperarse para ser lo importante que es hoy…, llena de recuerdos.
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8 respuestas
La estación del ayer rescatada en la pluma del doc, epicentro de las despedidas , a veces dramáticas, y de las gosozas bienvenidas y su natural jolgorio. Con esa ” laguna”, en donde, al atardecer, caían los “patos” para refrescarse, con o sin arribada del Urquiza legendario.-
Linda historia de mi cuasi nuevo asentamiento. De hecho, estoy escribiendo desde “la estación” en este momento.
Nunca conocí ni escuché hablar de la pensión de Loly. Me gustaría saber dónde estaba.
Caminar por algunas calles de este barrio te trae reminiscencia de pueblo. Algunas de sus casonas antiguas atestiguan glorias pasadas las que se aseveran con los relatos de sus antiguos pobladores. No parece un barrio mas de Apóstoles, parece más bien un hermano menor.
Excelente descripción de “La Estación ” de aquella hermosa época, barrio que tuvo su esplendor gracias al movimiento constante del ferrocarril. La pensión de Loly estaba ubicado justo enfrente de donde se ingresaba para tomar o descender del tren. Aún hoy está el edificio. Aún retumban las anécdotas en la pensión de Loly.
Cariñosa y sentida semblanza de ese lugar tan significativo perdido en el tiempo, la estación de ” Apostoles “, relato histórico muy veraz, que nos llena a algunos de nostalgias de un tiempo de nuestra juventud…
Hermosa historia que seguro se repite en muchos pueblos y estaciones del interior
Recuerdos de un lugar que marco una época de los pueblos alejados, entre Corrientes y Misiones, allí está la estacion. A mí me trae recuerdos de mi padre. Llegó a esa estación con las máquinas de VIALCO SA. No estaba asfaltado el camino hasta el lugar donde se instalaría el Campamento, lugar donde estaría la planta de asfalto y las canteras. Se decidió empezar con el movimiento de cal primero en ese camino, pasaba por el cementerio, ese lugar que no tenía la importancia que tiene ahora, creo que el jamás pensó que su descanso eterno quedaría en ese lugar. Siempre pensó que era un tiempo corto su estancia allí.
Pero, allí quedó para siempre.
Para El, el tren era la mejor por no decir la única forma de que lleguen mercaderías, materiales, etc a esos lugares alejados. Se equivocó, a pesar, que su trabajo era hacer caminos asfaltados, y quizás fue el último tren que llevó de vuelta las máquinas de VIALCO.
Historias engarzadas, cómo la de tu relato y las idas y venidas de mi padre, en esos caminos, en esa estación, habrá muchas más, que nadie relatará.
Perdón, se me hizo muy largo, pero fue imposible no recordar, y también agradecer tu amistad, que no habría sido posible, sin aquel viaje en tren de mi querido viejo. .. simplemente gracias por escribir y compartir estas historias …
Como siempre dando cátedra Claudio, un barrio que conocí de grande en los últimos viajes del tren, pocas casas, muy antiguas y gente antigua. Hoy ya es otra cosa el pueblo se extiende y llega de a poco a las vías… Tal vez con la esperanza de que algún día vuelvan a ser lo que fueron…